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domingo, 17 de enero de 2021

Domingo

 Domingo. ¿Qué se hace en los domingos? Yo nunca lo he tenido claro. 

Es curioso cómo de niño uno ansiaba este día y ya de adulto no lo quieres. Es un día muy pesado para reflexionar, demasiado tiempo libre que hasta te tardas en levantarte porque tienes miedo de no saber qué hacer, y más cuando está la lluvia y el viento azotando el cristal de la ventana.

Qué pesados son los domingos. No hay escuela, no hay trabajo. Como que Dios te da el día para ser tú mismo y tú no sabes ni quién eres. Y te despiertas con pereza y ves el celular, no hay ningun mensaje de la persona que más esperabas y sabes que no puedes hacerte el tonto porque ya sabes que escribe, pero no a ti.

Que te levantas y el refri está revuelto con las sobras, no se ha ido a la tienda. Entonces un café está bien y regresas a la cama. Qué cansancio que sigo aquí en espera, aquí en el punto muerto llamado domingo, el día muerto, el día que no sé qué hacer y que me genera ansiedad porque es la calma que antecede la tormenta del fatídico inicio de semana donde no sabes lo que te espera, esa ansiedad que no deja estar en paz porque la vida no va tan bien como quisieras. 

¿Qué demonios se hace los domingos?

Yo nunca lo tendré claro.

31 de marzo, 2019. 

lunes, 6 de julio de 2020

Huevos fritos y mi muerte



Veo el cielo y es gris. Está cubierto de humo.
La ciudad está en llamas. Los soldados vinieron.
Tengo mi vestido favorito, es una lástima que esté casi roto.
Mi furia se ha ido. No he comido hace mucho.
No puedo caminar.
Pronto no podré respirar.
Hace horas dejé de sentir hambre.
Sé que estoy muriendo.
Qué bendición. No estar más aquí.
Los disparos de los tanques ya no me retumban en el cráneo.
Se escuchan lejanos.
No sé si es una alucinación.
Un soldado enemigo aparece.
No importa lo que me haga, por suerte no estaré mucho tiempo.
Está de pie a mi lado y pregunta algo en un idioma que no entiendo.
Se inclina y me toca el cuello. Luego me carga en su hombro.
Ya no veo el cielo. Veo los escombros que antes eran lindas calles.
Camina, camina. Hasta llegar a un edificio casi derruido.
Es un hospital.
Me deja en una cama.
Me dice algo en su idioma y luego palmea mi brazo, asintiendo.
Y se va.
No creía en su misericordia.
Los enemigos no son tan malditos.
Me invade un sueño profundo y siento que floto.
Huelo a huevos fritos.
Incluso escucho el aceite mientras los fríen.
Es el mejor olor de la vida.